viernes, 9 de enero de 2009

la vida, la vida.



“Como una estrella fugaz, como una burbuja en un torrente,
Como una llama al viento, como la escarcha bajo el sol,
Como un destello de luz o un sueño fugaz,
Así debemos entender el mundo del ego."

Sutra del diamante.



La vida, la vida. Sacudida por terremotos y por caballos salvajes que perdieron su afecto hacia cualquier cosa y hacia cualquier apego. Así va mi vida, así de perdida. Perdida entre las arenas del no-tiempo que han utilizado el paso de los ilusos momentos para construir en plenitud su propia comunión con Dios. 


 La palabra del monje se tatúa entre las rocas, la verdad única no discrimina ni contamina, no aferra ni esclaviza. La verdad única vuela por la nada de la nada, compuesta por la falta de concepto y la llenura de compasión. Mi alma vagaba y vagará, pero alguien le ha despertado su instinto de pureza.

 Ese alguien es el viento, el océano del intento, que me ha elevado desde el coxis para entender el sufrimiento. Y así, solo así, liberarme de él y de su eterna presencia, a través de la búsqueda de la liberación de cada ser, ya sea que respire o que solo espere en silencio. La única manera de alcanzar mi liberación propia y la búsqueda de la salvación del todo.


 Como Subhuti lo entendió millones de años atrás, ahora mi alma reposa en la ausencia. No quiero ser un santo, ni un filósofo ni un héroe. Mi destino se centra en unificarme con la nada, la madre del etéreo vacío, sin esperar cosa alguna del mañana o del ayer. Mi esencia es libre hoy y solo hoy.
Javier Arce